Esta semana, nuestro gran amigo y cliente, Luis Antonio González Pérez (Fundador de ArchCoaching y Director Ejecutivo de las Jornadas de RSC del Instituto Internacional de Ciencias Políticas), compartió en las redes sociales la inquietud que le suscitó una persona a la que escuchó decir:  «mi jefe me limita, no me deja fluir hacia mi infinito».

Probablemente él, como coach y profesional con experiencia en gestión del talento, desarrollo de habilidades y formación de perfiles específicos, podría extenderse y analizar en profundidad los motivos que llevan a una persona a sentirse «lejos de su infinito por culpa de su jefe». Nosotras, que también tenemos experiencia, pero solo en lo nuestro, nos inclinamos a pensar (apostaríamos por ello. Ese uso del infinito no tiene demasiadas explicaciones) que esa persona es creativosa y su jefe intenta contener su creativosidad todo lo que buenamente puede. Esa persona cree que su jefe no la deja «ser» y no la entiende y sí, probablemente sea cierto, tan cierto como que si lo hiciera, si la dejara «ser» y proyectarse hacia su infinito, acaecerían sobre la empresa diversos y variopintos desastres de difícil solución. El infinito de esta persona, probablemente, tenga infinitos números de acabar siendo el infinito de todas: un lugar en el que el caos reina y los proyectos, como supernovas, explotan y se desintegran en un vacío que también es plenitud y  trinidad y espíritu y cosmos y un millar de conceptos que nosotras, pobres necias, concentramos en una sola palabra: creativosidad.

Por si no quedara suficientemente claro, definiremos, explicaremos brevemente la idea que ha dado pie a este artículo y nos vamos a los consejos, ¿te parece?

Creativosidad: capacidad o facilidad para confundir la solución original de problemas con la creación de nuevos problemas, todo ello en un contexto dominado por lo abstracto y lo inexplicable y acompañado del tesón por defender la iniciativa como si no hubiera mañana.

Diferencias entre la persona creativosa y la creativa: sin ánimo de redundar, la persona creativa soluciona problemas. En nuestro ámbito, por ejemplo, la persona creativa genera fórmulas de comunicación (verbales y gráficas) que conectan a las marcas con sus públicos. La marca, que necesita lanzar un nuevo producto o servicio, replantear sus estrategias de mercado, posicionamiento, etc… encuentra en la persona creativa soluciones que le permiten alcanzar sus objetivos. La creativosa, en cambio, añade a la tesitura inicial la complicación enorme de entender lo que ha hecho.

Diferencias entre la creativosa y la artista: seguramente habrá muchas. Nosotras identificamos una fundamental, en la que se concretan y resumen varios asuntos; la obra de la artista sigue sin solucionar nada, pero vale dinero.

Todas las personas tenemos a una creativosa en nuestro interior. Lo importante es saber convivir con ella, mantenerla a raya y evitar a toda costa que se entrometa en nuestro trabajo y nuestras relaciones laborales. ¿Cómo detectar esta situación? Si llevas varias semanas con la sensación de que «nadie en tu trabajo te entiende»; «tu jefe te limita y no te deja ir hacia tu infinito», «puedes dar más de ti pero no te dejan», etc, etc, etc, es muy probable, extremadamente probable, que estés empezando a adentrarte en el lado oscuro, y la creativosa que hay en ti quiera tomar el control.

Compartimos contigo estos consejos que pueden salvarte. Por favor, al menos, léelos. Ya, después, si tu autocrítica lo considera (deseamos de corazón que tu creativosa aún no se la haya comido), los llevas a la práctica 😉

Exprésate en tu tiempo libre.

Además, con todas las palabras: ¡exprésate! Si te gusta pintar sirenas sin ojos, hazlo, perfecciona tu técnica, amplía tu imaginario y monta una exposición. Si te gusta la CIFI, crea tu corto o tu libro de relatos y sácalo al mundo. ¡Exprésate! La friki que hay en ti quiere ser escuchada y valorada, si no lo haces y reprimes estos talentos, la friki que hay en ti tratará de salir en tu trabajo y dará lugar a esa creativosa saboteadora que arruinará tu existencia. Escucha a tu lado friki y consíguele su merecido hueco en el mundo. Mira, la que escribe este artículo es una incorregible amante del humor negro, si no tuviera varios libros escritos sobre esta temática y practicara asiduamente, él día menos pensado, debilitada por la presión de trabajar para una gran marca (Cocacola, por poner un inalcanzable ejemplo), podría sacar un claim del tipo «también en guerra, bebe Cocacola. Porque es la chispa de la vida»; «Algunos dicen que es veneno, pero… ¡Qué coño, la vida es corta, bebe Cocacola!», y lo que es peor, defenderlo, por sentirse identificada y «a salvo». Por eso es muy, muy importante, crucial, darle salida a estas «desviaciones» que en lo personal pueden aportarte mucho y en lo profesional, sin embargo, destrozar tu carrera.

Busca la realización profesional dentro de tu ámbito, tu rol, tus tareas y tus objetivos.

En el momento en el que les des salida a «tus desvíos frikis», la creativosa a la que nadie entiende empezará a silenciarse y dará lugar a la persona creativa y eficaz que puedes llegar a ser (o que fuiste antes de la crisis). Si tardara en ocurrir, ayúdate encontrando puntos en común entre lo que te satisface y lo que le satisface a tu cliente, equipo creativo, proyecto, etc… Ejemplo: tu cliente necesita un buen nombre para su marca y tú eres una especialista en resolver retos de esta índole. Sentirás satisfacción profesional cuando el nombre de su marca, de manera original y efectiva, alinee las promesas con las expectativas de sus públicos. Concéntrate en eso, en  el reto de resolver. Olvídate de hacer juegos de palabras extraños. Concéntrate en eso y «fluye».

Descansa tu mente con ejercicios de pensamiento lateral y retos.

A veces no podemos controlar a la creativosa que llevamos dentro por estar demasiado cansadas. Nuestra lógica empieza a describir círculos sospechosos, oímos de fondo una risa diabólica, pero ya es demasiado tarde. Esto ocurre cuando el agotamiento y la frustración se unen en el mismo punto del recorrido creativo. A partir de ahí, si continúas pensando en lo mismo, saldrá la creativosa. Si te vas a dar una vuelta para refrescarte, saldrá la creativosa. Si tomas algún tipo de sustancia, para seguir despierta o relajarte, saldrá la creativosa. ¿Qué hacer? Cierra todos los programas que tienen que ver con tu proyecto y coge un libro de ejercicios de pensamiento lateral. Te ayudará a desconectar y fortalecer tu lado lógico, dando pie a la originalidad y, sobre todo, aliviando la frustración que tu creativosa utiliza como gasolina en estos casos.

Habla con gente.

No vamos a extendernos mucho sobre la persona profesionalizada en crear y su manera de socializar. Solo apuntaremos una gran verdad: conectas a la gente con intangibles. Esto es, consigues que lo intangible cobre valor y los públicos aprecien y deseen ese valor. Si le agarras cariño a la costumbre de no relacionarte con nadie, acabarás perdiendo eficiencia y, lo más importante, acabarás dejando salir a la creativosa que hay en ti. Si la gente no lo entiende, no sirve. Es simple. Cuando te acostumbras a hablar con gente y relacionarte: charlar con el panadero, con la abuela del quinto, los niños y las niñas del parque, etc… te mantienes conectada a distintas maneras de ver y entender el mundo, desde lo simple y lo esencial, que es lo que funciona. Si tienes en la mente al panadero, a la abuela del quinto y a los niños y las niñas del parque, siempre  acabarás llegando a los públicos, porque forman parte de tu vida, así de simple. Por eso, relacionarte con el mundo en el que vives y para el que trabajas «es bien».

Búscate una abuela.

A veces, de manera natural, acabamos relacionándonos con un número muy limitado de personas que, además, casualmente, siempre están de acuerdo con todo lo que hacemos. Salir de ese círculo de vez en cuando es muy recomendable. Una idea interesante, por ejemplo, es tratar de retomar contacto con compañeros y compañeras de clase, que también trabajan en agencias o en sus propios proyectos, y formar un grupo de análisis. Puede ser un grupo virtual o podéis quedar para echar un café de tanto en tanto. El objetivo es contar con personas alrededor que te den otras perspectivas y te digan cosas que no quieres escuchar. Tu creativosa, claro, se sentirá herida, pero esto es interesante y muy productivo a medio y largo plazo, créenos.

Dedica como mínimo tres horas semanales a observar y analizar nuevas tendencias y proyectos.

El volumen de trabajo a menudo nos quita tiempo para estar al día en nuestro sector y esto es absolutamente necesario. Forma parte de nuestras tareas esenciales. Nosotras, por ejemplo, somos fans de Brandemia y rara vez nos perdemos un post 😉 Ese tiempo de observación mantiene nuestros pies sobre la tierra, nos aporta ideas, nos estimula y nos anima a mejorar. Mejorar es ser más eficaz; no más creativosa.

No consumas drogas para trabajar.

Tocamos este tema de refilón en el punto tres, pero creemos oportuno dedicarle todas las palabras que merece. Los estupefacientes alimentan tu lado creativoso, es así. Tal cual. No le busques otra vuelta de tuerca, ¿vale? En nuestro trabajo las censuras son importantes. No le puedes decir al cliente potencial de una aseguradora: «Morirás en la carretera o en el bar, hazte un seguro de vida para que tus hijas hablen bien de ti, aunque sea después de muerto. Seguros La Frontera, te conocemos». Sabemos que  tú lo tienes claro, pero la creativosa que hay en ti, no. Que no, en serio; no lo tiene claro. Y esa sustancia de más no te ayudará a pensar fuera de la caja sino a mear fuera de tiesto. Cambia la sustancia por una o dos horas de sana procrastinación: descubre nuevos grupos de música, cortos alternativos, arte conceptual, etc… Y luego vuelve al trabajo, pero con todas tus capacidades intactas (incluyendo el valioso don de detectar malas ideas antes de que salgan).

Gracias por leernos. Volveremos muy pronto, con más consejos, artículos e historias. ¡Un abrazo y que tengas un creativo y exitoso septiembre!

Texto: Judith Bosch. IMGENIUZ.

 

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