Contenidos con Alma

El recuerdo que deja un libro es más importante que el libro mismo. Gustavo Adolfo Bécquer.

Leyendo descubrimos nuestro mundo, nuestra historia y a nosotros mismos. Daniel J. Boorstin.

Si hiciéramos un refranero con las recomendaciones o sentencias que se mueven en el mundo de la comunicación y la publicidad, sin duda esta frase encabezaría el recopilatorio: “Tanto texto no, que la gente no lee”. Inmediatamente te imaginas a un centenar de ovejas pasando al lado de los textos, olisqueando la tinta y masticando los folios. Y te acuerdas de otros dichos. “La gente no lee las contraportadas, pesa los libros”; “La gente lee mal y escribe peor”; “Mejor un vídeo; la gente no lee”. Las personas que hablan así parecen estar sumidas en una extraña realidad en la que “existen ellas” y al otro lado, junto a las ovejas, “existe la gente”, que ni lee, ni se ducha, ni usa cubiertos. Y tanto es así, que si les preguntas: “Pero tú lees, ¿no?”, te responderán: “Yo sí, pero la gente no”.

Tal vez si los eruditos y eruditas, “que leen pero la gente no”, recuperaran un poco de lucidez, ganas de ponerse en el lugar de la otra persona y meditaran sobre lo que realmente quieren decir con sus sentencias lapidarias, cambiarían sus frases por: “Tanto texto frío no, que es una persona, no un procesador de datos” o “Tantos argumentos vacíos no, que no es tonto/a”, o “¿Quieres que te lea o quieres que sepa que sabes escribir?”.

Normalmente el problema no está en “tanto texto” y normalmente no se soluciona recortando palabras sino aumentando dedicación y calidad. Un texto que manifiesta interés por la persona a la que se dirige, evoca sensaciones y estimula el imaginario, se lee. Además, no expira, sin más, sino que deja un mensaje concreto: un pensamiento diferente y recordable, una norma justificada, un modo distinto de hacer las cosas, una motivación, un estímulo de compra…

Todas mencionamos alguna vez los “tochos infumables” que tuvimos que memorizar para poder acabar los estudios superiores. Y aquí sí, podemos retomar la imagen de las ovejas -más de una lo habrá hecho ya-. Éramos ovejas engullendo folios llenos de tinta vacía, datos vacíos sin alma -y sin recorrido a no ser que se completaran con la práctica-. ¿Nos habríamos  sentido igual si alguien se hubiera molestado en adaptar y humanizar el contenido? Da igual lo que respondamos porque, al final, no podemos decidir la manera en la que nos trasmiten un contenido. Sí podemos decidir no leerlo. Y lo más importante –y esta es la buena noticia-: sí podemos decidir la manera en la que lo trasmitimos nosotras.

El 57% de la población de España mayor de 14 años lee en su tiempo libre y solo el 24% afirma hacerlo exclusivamente por motivos de trabajo o estudios.

Nuestro equipo, nuestros clientes y nuestros colaboradores y colaboradoras sí leen. Nos leerán, nos recordarán, si utilizamos contenidos con alma.

Texto: Judith Bosch. IMGENIUZ.

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