Dos enamorados en un campo de cebada

By febrero 14, 2016I´m Experiences

“Recordarás cuando el viento del oeste sople,

sobre los campos de cebada,

olvidarás el sol en su celoso cielo,

mientras caminamos en campos de oro”.

Así comienza la canción “Fields of gold” de Sting, inspirada en un amor de verano que transcurre en ese lugar idílico en el que los enamorados iban a perderse, esconderse y olvidarse del tiempo.

Los tiempos de ahora son distintos pero aún podemos imaginar esas historias y sentirlas como nuestras, porque, en realidad, por lejos que estén, siguen formando parte de nosotros.

Hoy te traemos un relato de amor de los de antes, génesis de una marca que también hace las cosas como se hacían antes.

Que lo disfrutes.

Dos enamorados en un campo de cebada

“Él se llamaba Jaume Comte, su familia tenía una fábrica de lejía y todos sus planes de futuro debidamente dispuestos: heredaría la fábrica, buscaría a una muchacha de buena familia, se casaría con ella y tendrían hijos que les ayudarían a llevar el negocio familiar. Pero, ¿sabes qué? La vida no es tan sencilla, no puedes disponer el destino de una persona a tu antojo. La vida es corta, y cada cual debe tener el privilegio de vivirla a su manera. Eso lo vamos entendiendo ahora. Antes todo era muy diferente. Primero estaban las obligaciones, que eran distintas según la clase social a la que uno perteneciera, después estaba el qué dirán y por último lugar, escondido y casi despreciado, lo que dijera el corazón.

Una tarde de verano, Jaume salió a caminar, a las afueras del pueblo y se detuvo frente a un inmenso campo de cebada. Una muchacha morena, con el cabello recogido en una cola de caballo, bordaba un pañuelo, con la espalda apoyada en las pacas. Se quitó el sombrero, se sentó a observarla y supo que, si el mundo se hubiera acabado aquella misma tarde, no habría otro lugar en La Tierra en el que quisiera estar, ni otra imagen que quisiera contemplar más que aquella.

Al día siguiente, Jaume Comte, intentando no levantar demasiadas suspicacias, preguntó en el pueblo y descubrió que la muchacha era costurera y se llamaba Nuria, “Nuria, la de la Cola”. Fue a verla al pequeño taller de oficios en el que trabajaba. El corazón le latía muy fuerte y apenas era capaz de articular palabra alguna. Ella le preguntó qué quería y él, colorado como un tomate maduro, con la cabeza gacha, le pidió un pañuelo con sus iniciales.

Cada tarde Jaume se escapaba hasta el campo de cebada para verla coser. Ignoraba que ella, acostumbrada a la soledad y a percibir solo los rumores del viento sobre las espigas, había advertido su presencia desde la primera vez. Levantó apenas la vista, la primera tarde, lo vio sentado, jugando nervioso con su sombrero, y supo que si el mundo hubiera acabado en ese preciso momento, no habría otro lugar en el que quisiera estar ni otra imagen que quisiera contemplar más que aquella.

Ella también sabía buscar sin despertar suspicacias. Así que el día que acabó de bordar el pañuelo, se acercó a la fábrica de lejía para dárselo personalmente. Es un regalo, le dijo, no me tienes que pagar nada. Jaume lo desdobló despacio, con las manos temblorosas. Encontró sus iniciales, perfectamente bordadas en color oro y, justo al lado, también bordada en oro, una espiga de cebada.

Seis meses después, y con toda la familia Comte en su contra, Nuria y Jaume se casaron en secreto. Empezaron tiempos difíciles. Los Comte no estaban dispuestos a perdonar aquel desagravio a la familia. No; no tenían ninguna intención de escuchar al corazón de Jaume. El corazón estaba en último lugar, primero eran las obligaciones y luego el qué dirán. Y aquella muchacha de familia humilde no encajaba en ninguno de sus planes de futuro.

¿Sabes qué? Algunas personas son capaces de echarlo todo a perder por rabia y por egoísmo. Ni entienden ni quieren entender, prefieren destruir. La familia Comte hizo todo lo que estuvo en su mano para arruinar el porvenir de aquel matrimonio. Y consiguieron hacer quebrar la fábrica de lejía. Por aquel entonces Nuria y Jaume esperaban un bebé: una niña fuerte y osada a la que llamarían Rosita. Nuria volvió a coser y Jaume, completamente repudiado por los suyos, intentó buscarse la vida de todas las maneras posibles.

Rosita nació en Tarragona. Justo al día siguiente de su bautizo, el escritor Domènech Güansé Salesas, pariente lejano de Jaume, fue a visitar a la pareja. Les aconsejó que “hicieran las Américas”, que había muchas oportunidades al otro lado del Atlántico. Y ellos, jóvenes y sin ningún porvenir cierto en aquel pueblo, decidieron arriesgarse. Emigraron a Cuba y nada se supo de ellos durante años.

Quédate aquí un momento. Quiero traerte algo”.

La abuela se incorporó despacio y dejó al nieto sentado en la alfombra, expectante.

Regresó con una caja de madera. Volvió a sentarse en el tresillo, junto a su nieto, abrió la caja y la colocó en las manos del niño.

El pequeño sacó un pañuelo doblado, con las iniciales J. C bordadas en oro, al lado de una espiga de cebada, también bordada en oro. Desdobló el pañuelo y dentro encontró una fotografía antigua y un viejo papel con lo que parecían los ingredientes y preparación de algún tipo de alimento.

-Esta historia que te acabo de contar es la historia de mi madre Rosita. Tu bisabuela.

El niño miró a su abuela con los ojos grandes como platos.

-Esta es una fotografía suya que quiero que guardes. Y esta es una receta que trajo de Cuba.

-¿Regresó? –preguntó el niño con voz entrecortada.

-¡Claro que regresó! Fuerte y osada, como ya advirtieron sus padres mucho antes de que naciera. Vino en busca de sus orígenes y, como ves, aquí se quedó.

El niño guardó la fotografía y la receta. Y se hizo mayor. Y abrió una fábrica. Allí comenzó a elaborar una cerveza especial, como se hacía antes, siguiendo paso a paso las indicaciones que su bisabuela había dejado en aquel trozo de papel. La llamó Rosita y, esta historia que acabamos de contarte, es su historia.

Cerveza Artesanal Rosita

Esta es la canción de Sting a la que hicimos mención. ¿La conocías verdad?

Fields of Gold

Texto: Judith Bosch. IMGENIUZ.

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